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miércoles, 5 de enero de 2011

Tápate

¡Ay!
En los  cañaverales 
vampirescos mosquitos
¡ A millares !

¡Niña!
Tápate niña,
cubre niña 
esas sonrosadas carnes

¡Ayayay!

Paseaba su
camisetita de tirantes.

¡Ayayayay!

Emborronchonaita vienes.

¡Me atosigaban madre!


¡Ay!
Susurros,
murmullos trae el aire.

¡Ya te dije! Que estaba
calenturienta  la tarde.

¡Y a mí…!
¡A mí qué coño me importa
lo que diga nadie!

jmgd

Desusos


jmgd

martes, 4 de enero de 2011

Muerte del cerdo

 Con un lazo de soga corredizo en el morro, pasado por detrás de los colmillos, agarran el cerdo que clava las pezuñas en el suelo y chilla desesperadamente cuando tiran de él presintiendo el desenlace, se oyen los gruñidos atronadores de auxilio y aviso de peligro, bien sujeto lo recuestan del lado izquierdo en la descuadrada y robusta mesa hecha del corazón de una encina, de un sólo cuerpo y tres fuertes patas. El matachín mete los dedos anular y medio en las oquedades de las narices, tira hacia él y deja al descubierto toda la garganta, da unas palmadas en la papada del animal. Veinte centímetros de hoja desnuda por tres y medio de ancho, excepto cuatro en la aguda punta los demás es de un filo, con una puñalada certera, por la sobarbada garganta abajo penetra hasta la empuñadura el cuchillo matancero buscando el corazón, desgarra tejidos, rompe venas, revienta vasos sanguíneos, corta la arteria, sin sacarlo le da un medio giro para dejar paso, del butrón, cuchillo adelante, comienzan a fluir a presión borbotones de sangre. Los gritos del animal son ensordecedores, casi rompen los tímpanos, briega con fuerzas extraordinarias para soltarse una y otra vez, poco a poco el gruñido se hace mas ronco y quedo, patalea en la agonía liberando de vez en cuando alguna de sus extremidades. Con un resoplido,  expulsando orina y heces, quedando la lengua para afuera en las últimas ansias por coger una bocanada de aire,  totalmente desangrado, muere.

jmgd

lunes, 3 de enero de 2011

El maneo

En el arte del maneo, solo tú y los relucientes y huidizos  peces del río, a la luz de la luna, en las aovas, cual cabellera de ninfas, poblaban los chorreros llenos de resbaladizos cantos rodados, es de paciencia y saber hacer. No es tan fácil querer al pez, digo bien querer, porque has de tratarlo con mimo, abarcar con las manos la aova siempre de abajo para arriba, poco a poco apartar sus pliegues, tocarlo con las yemas de los dedos, los pulgares sobre los firmes lomos, los demás acariciándole la suave y gelatinosa panza, sin prisas, y si intenta escapar, tú quieto, que no se vuelva esquivo, que note que estás con él, con suavidad como pieza de seda,  que se acostumbre a tus manos y a las caricias de tus dedos. La firmeza del agarre, sólo cuando se entregue, se esté seguro y se quiera coger. Para ensarzarlo en esa ristra hecha con una flexible vara de mimbre de la acogedora mimbrera que crece a la orilla del río.

jmgd

sábado, 1 de enero de 2011

Anhelo

Cuando yo sea joven quisiera ser aprendiz de niño, para no perder la inocencia ni las ganas de aprender, ni el: ¿Por qué? ¿Y por qué no?
   Cuando yo sea joven quisiera ser aprendiz de adolescente, para poder querer sin sentido solo querer y querer. Y buscar y buscar. Y con un poco de suerte encontrar ¡no sé qué!… en algún sitio…
   Cuando yo sea joven quisiera ser aprendiz de joven, para poder amar sin conocimiento y enamorarme hasta la médula, y amar y amar, ¡tal vez! de ti. Y tocar el cielo y estar en él, siendo correspondido.
   Cuando yo sea joven. ¡Ay! Cuando yo sea joven.
   ¡Alma mía! Cuando yo sea joven…

  Me miré en el espejo.
  ¡Dios mío!
  ¡Cómo ha pasado el tiempo!
  
jmgd