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domingo, 2 de septiembre de 2012

Nacencia




En esa querencia por el andar escudriñando los montes y arroyos del municipio de mí (nuestro) pueblo, practicando el senderismo, hoy pueblo de todos, Granadilla; miles de sensaciones e historias entre recuerdos fantaseados vienen a la memoria, entre ellos: Allá a mediados del mes de Octubre del Año de Dios de 1959, niño yo, el jugar rodando sobre la hierba de una pradera mientras el criado, algún familiar cercano que por aquel entonces seguro que trabajaba por la comida y poco más ¡…y dando gracias!, rapaz él, cuidaba del rebaño de ovejas del abuelo, me hablaba de cigüeñas que traían los niños, y es que ya siendo mayor acalugué (caer en la cuenta) que estaba de parto mi madre, acá cerca buscaba entre las hierbas de la charca la zancuda algo que llevarse al largo y rojo pico, una rana o la culebrilla que yo había visto y que, convencido, sabía que se formaban de los pelos de la crin o cola de los caballos a las cuatro semanas de caer en el agua, en ello que encontré una de sus plumas, el “raban”, que así le decían, me habló que con ella se escribía sacándole  punta y untándola con tinta, yo ya iba a la escuela y eso lo había visto en los libros, tal vez en la representación de Cervantes escribiendo el Quijote, no faltaba tampoco el recuerdo del tintero en el agujero del pupitre y alguna que otra pluma rachada sobre la gavia hecha para su alojamiento, pero mi ilusión era tener una larga pluma blanca y negra con la que escribir, me dijo que ya encontraríamos otra y que con esa me haría un tubo para beber de los charcos, la limpió y cortó las dos puntas, e ilusionado con esas primeras experiencias succioné y absorbí el agua; se nos hizo tarde, no sé si alguien de la familia vino a recogerme  o como aparecí en casa, lo que sí sé es que la cigüeña, aquella que había visto en el prado y ahora estaba con las demás en la torre, había traído un niño, mi hermanito. Volviendo a la ruta. Desde los montes que bien se divisa la iglesia, veo que en la torre del campanario no hay cigüeñas ni nido en el armazón que en lo alto espera. ¡Granadilla, añoranza de las almas, emigró la nacencia!

jmgd

viernes, 22 de junio de 2012

Historias de por ahí: Pizarreño


Pizarreño.

La humilde casa con pequeño huerto y cuatro palmos de tierras aledañas en la vaguada pizarrosa de un arroyo fue su santuario. Los conceptos del bien y del mal lo simplificó a su ética de la supervivencia,  juntó una pequeña fortuna recién acabada la guerra civil  pidiendo de puerta en puerta y saqueando lo que estaba a su alcance, guardó los botines en escondrijos que sólo él supo. Dedicado en la posguerra al estraperlo conocía todos los recovecos de la serranía, lo días de niebla espesa o las noches oscuras y cerradas no tuvieron secretos para él. A su mujer no dijo más que lo justo y necesario, ella evitando responsabilidad alguna no quiso saberlo. Perseguido por la justicia, se defendía con uñas y dientes agudizando todo su ingenio, en cierta ocasión tuvo que esconderse debajo del colchón y acostar a los niños encima fingiendo estar enfermos para que la benemérita no diera con él, tras esa aventura, desapareció con su familia y no volvió; cabe la duda de si dejó algo escondido.
En la paupérrima zona, el pasado fin de semana, junto al tronco de un mísero lentisco que apenas pervive al abrigo de un peñasco, en la hondonada del arroyo cercano a la derruida casuca, una obsesa buscadora oyó la débil señal de su detector de metales, el fervor de la sangre le hizo latir con fuerzas el corazón, según se disculpó; la lancha de pizarra grande y pesada parecía estar caída de forma natural formando una oquedad sin  tocar el suelo, no quiso la emoción o tal vez la avaricia pedir ayuda,  a duras penas logró desplazarla lo justo para remover la tierra; no fue muy fuerte el cierre porque la ballesta había perdido bastante temple pero sí lo suficiente para disparar el resorte y los oxidados dientes del cepo clavársele en ambas muñecas, allí quedó presa hasta que oyeron los gemidos quienes la buscaban, costó desplazar del todo la lancha y abrir el cepo, y con urgencia trasladarla al hospital, a punto estuvo de perder ambas manos.
Sin que nadie sepa de mis lazos familiares, simplemente soy “el portugués” compañero de furtivos, he venido a vivir y ganarme la vida hace un tiempo a estas tierras, donde perdura la fama de Pizarreño; tengo del abuelo, no su apellido ni su físico, sí, su personalidad y un regalo que conservo desde pequeño, un cinturón de cuero no muy vistoso labrado con caracteres y dibujos de lugares en su parte interior; me enseñó todo lo que hay que saber para defenderme en la vida, es mi referente, siempre deambulé y estuve con él, la última vez  el pasado fin de semana, donde momificado en posición fetal dentro de un antiguo pellejo de cuero de los que se usaban para transportar el aceite, en otro de sus escondrijos reposa, de lapida una lancha ahuecada y como símbolo,  la técnica que siempre utilizó para guardar lo suyo, un cepo dentado camuflado sobre la tapadera de su nueva tumba.

jmgd


sábado, 5 de mayo de 2012

Amalgama



Paseo por la ribera del río, mientras en los riberos cercanos unos paisanos rebuscaban entre las esparragueras algún que otro turón tierno, por lo de hacer una tortilla, aunque estos no son silvestres, son asilvestrados de antiguas explotaciones, saliendo algunos de grosor suficiente para poder consumirlos aliñados, silba el viento y suena un ploff seco en el agua, algún pescador ha lanzado el sedal casi a la otra orilla del río. Cuentan que por estas tierras siempre ha habido actividad agrícola, ganadera y de pesca. Un poco más abajo y un poco más arriba sí sé de asentamientos, lo que no pude imaginar es que entre las piedras de la gravera hubiera restos de civilizaciones ya desaparecidas, o, mejor dicho, tal vez evolucionadas, porque la emigración en esta zona del valle no tiene mucha razón de ser, y aunque de invasiones e invadidos está llena la historia, la mayoría, nunca fueron de quitar para poner que eso de trabajar nunca gustó, si no más bien de explotar y vivir de rentas. Debió ser cantera pétrea  por los restos encontrados, aunque la gran mayoría de esta riqueza cultural estará formando la argamasa para el sostén y ensamblado del conglomerado de alguna carretera cercana, y en el peor de los casos triturada y hecha garbancillo para el mismo o similar fin. Cuentan leyendas de moros culturizando la vega, amaestrándola y haciendo producir riquezas antes no vistas, ¡Ay, los moros! Que tuvieron que salir huyendo y dejar enterrado sus tesoros, pero, ¿quién sabe dónde? Y cristianos avasallando con ganado la dehesa, esos sí que explotaron a base de látigo y más látigo, aún dura la artrosis de tanto esfuerzo en la memoria como si los genes lo trasmitieran de generación en generación, “el amo en casona/el rey en palacio/y el papa en roma”. La historia anterior a esa época,  los autóctonos de la zona, o no la aprendieron o se les borró de la retentiva, bueno, sí, un poco nublado entre los recuerdos hablan de vez en cuando de los romanos, pero eso sólo en cuanto a cualquier construcción, más bien puentes, bien hecha de granito, la cantería fuese de quien fuera lleva el sello romano y la pizarra de moros, y no hay más que hablar, el sol sale por saliente y se pone por poniente, ¿cómo lo hace? , ni lo sé ni falta que importa, eso  no da de comer que al fin y al cabo es de lo que se trata, ¡ah!, y el río siempre corre para abajo, menos un tramo en el que va apescolado para el saliente, pero al final, para abajo, por cierto el Tormes corre al revés, para arriba, lo dijo uno que fue a estudiar a Salamanca y volvió medio tonto que si la tierra es redonda y se mueve, que si el sol está quieto, pero al final en lo del río tenía razón que lo han visto los que fueron a la siega. No sé a cuento de qué comencé esta amalgama de pensamientos, y como ya ha terminado mi paseo no voy a desandar lo andado, así que lo dejo tal cual, y quede en eso de contar en lo pensado, para/por/y/o pensar en lo contado. ¡Salud!

jmgd 

sábado, 28 de abril de 2012

Llovizna


Llovizna.-
Cae un mea-mea, ha templado, gorriones bañándose en los charcos, lombrices fuera de la tierra, caracoles y babosas en la pared, el musgo esponjado con sus diminutas gotas de agua, el árbol gotea ¿Otoño? No, primavera, llevaba tiempo sin llover ¡Bienvenida sea!

jmgd

lunes, 9 de abril de 2012

Ruego (preprocesión)



¡No saqui usté El Cristu,
señol cura, qué da mucha pena
vel-li con esus goteronis
de suor ensangrantaos
chorreando por las sienis,
la cara toa manchá,
la mirá nublá y perdía,
la boca abierta y reseca,
en jhansias de muerti,
jhincaos en la madera
en metá de las manos
los clavus jhurrumientus,
con las chorrateras
tó el brazo p’abajo
de la sangri seca,
rebentao el costao
por aondi se le escapa la vida,
amangajao del peso,
doblás las piernas,
asujetao con un clavu
que le atraviesa los pies.
y bañao de sangri por do quiera!
¿Qué mal jhizu? ¿Por qué se empeña?
¡No saqui usté  El Cristu, señol cura,
 que naide lo vea de aquesta manera!

jmgd

viernes, 16 de marzo de 2012

De las amistades.

Sabio consejo de viejo:
Déjate de miramientos.
No trates con medios días,
habiendo días enteros.
Y aleja esas compañías.

jmgd

jueves, 8 de marzo de 2012

Verso suelto.


No, no llueve, la luna no tiene cerco.
Tic-tac, tic-tac, marca su ritmo el tiempo.
El agua que no llega,
y el agua sin llegar
¿Cuándo querrá llover?
…………………………………………….
¡Qué pena
se mojó
mi reloj
de arena!

jmgd